Operación bikini y sus peligros: No a las dietas milagro

El sol empieza a asomar, el calor está llegando, las tiendas están llenas de pantalones cortos, vestidos, faldas, y como no, el «temido»bikini. Se acerca el verano y con él la época de bodas, bautizos y comuniones y nos vamos dando cuenta de los kilos de más que hemos ido acumulando en el invierno. Los polvorones se ocultan muy bien bajo los jerséis, pero llegados a este momento crecen las inseguridades y los sentimientos de culpa, y eso por supuesto, la industria lo sabe aprovechar muy bien.

No faltan los anuncios en la tele, radio, o incluso por la calle, de maravillosos productos que te van a dejar estupenda.

En la sociedad de la inmediatez que vivimos, las dietas que prometen rápidos resultados se expanden como virus. Dietas milagro, que en tan sólo unos días prometen solucionar los errores que llevamos cometiendo meses, o incluso años. Cada año nuevas dietas milagro se ponen de moda, ¿qué curioso no? Si tan bien funcionan, ¿por qué hay tantas? En la nutrición, como en la vida, cuando algo suena demasiado bonito para ser cierto, lo más seguro es que no lo sea. Para muestra un botón.

¿Qué es una dieta milagro?

Las características para reconocer una dieta milagro son las siguientes:
-Prometen una rápida pérdida de peso sin esfuerzo
-Prohíben el consumo de un alimento o grupos de alimentos
-Proporcionan listas de alimentos “malos” y “buenos”
-Atribuyen propiedades milagrosas a determinados alimentos o productos
-Incluyen relatos, historias y testimonios para aportar credibilidad
-Carecen de fundamento científico

La dieta Dukan, la dieta del grupo sanguíneo, la dieta de la alcachofa, la dieta de la clínica mayo, la dieta de la luna, la dieta Detox… Son algunos ejemplos de la interminable lista de dietas de este tipo. Según AESAN, estas dietas inducen una restricción de la energía ingerida muy severa, que conduce a deficiencias en vitaminas y minerales, alteraciones del metabolismo y a una monotonía alimentaria que las hace insostenibles en el tiempo y peligrosas para la salud.

Se caracterizan, pues, por las escasas calorías que aportan. Ante esta situación cercana al ayuno, el organismo reacciona compensando la falta de energía recibida con un aumento de la destrucción de las proteínas corporales, como fuente alternativa de energía, lo que provoca una pérdida de masa muscular y, por otro lado, la formación de sustancias peligrosas para el organismo cuando la dieta se prolonga en el tiempo.

Sin embargo, quien sigue estas dietas interpreta erróneamente la pérdida de masa muscular y, por tanto, de peso con el éxito del régimen escogido, pues dan resultados espectaculares al subirse a la báscula durante las primeras semanas. Esto se debe a que el tejido muscular es muy rico en agua, con lo que se elimina mucho líquido en la primera fase. En ocasiones este proceso se refuerza con el consumo de diuréticos (fármacos que promueven la excreción de orina), lo que conduce a una aún más llamativa pérdida de peso.

Dietas Milagro
¿Objetivo conseguido? Hemos perdido peso, la báscula nos lo dice. Pero ¿a qué precio? El famoso efecto rebote o “yo-yo” nos hará recuperar el peso perdido o incluso aumentarlo al volver a comer de forma normal. Estas situaciones de ayuno ponen en marcha una serie de mecanismos nerviosos y hormonales que hacen que tengamos mayor apetito y que el cuerpo ahorre energía, provocando una rápida recuperación del peso perdido. Además, en personas que suelen usar este tipo de dietas, se producen una serie de adaptaciones metabólicas al ayuno que hacen que cada vez sea más difícil la pérdida de peso.

“No como nada pero aun así no consigo adelgazar”. ¿Os suena?

Los efectos psicológicos no son nada despreciables, el comienzo de una dieta milagro puede desencadenar trastornos de la conducta alimentaria (tales como anorexia, bulimia, trastorno por atracón…), además de depresión y sensación de ansiedad.

Debemos recordar que el objetivo de una dieta, es una reeducación alimentaria, un cambio de nuestros hábitos. Estas dietas no aportan ninguna formación, de forma que cuando se dejan volvemos a recuperar nuestros antiguos hábitos que nos llevaron a ganar ese peso indeseado. No podemos pretender perder en 15 días aquello que hemos ganado en 15 años. Nunca es tarde para cuidarnos, pero debemos tener en cuenta que el éxito está en la constancia. Desconfiar plenamente de aquellos que nos prometan adelgazar sin esfuerzo, os están mintiendo. No es fácil, requiere esfuerzo, voluntad y constancia, requiere un cambio en nuestras vidas y nuestras costumbres, y eso nunca es fácil. Las cosas que merecen la pena nunca lo son.

No sólo es cuestión de estética, sino de salud

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